Ornitología nocturna

  • Poesia

A las aves que vuelan de noche no les gustan las bienvenidas.

Habitualmente, llegan cuando uno entra en el clímax

de las palabras malogradas,

aguardan a que otro que vive dentro de uno

empiece a invocarlas.

 

Otras veces, uno las espera por horas,

pero apenas tiene difusas noticias de los vientos que las pueden traer hasta acá.

En tanto, se prepara un nido plácido

con vino añejo y galletitas de vainilla,

pero así son las visitas de un país sin geografía.

Uno finge mirar para otro lado,

las escuda en miles de odiseas;

solo el cielo sabe en qué lupanar etéreo acicalan sus miserias.

 

Al levantar la mano derecha, un coro de lobos comienza su sinfonía,

atacan los excusas que nos quedan

acerca del retraso de estos plumíferos sinvergüenzas;

al bajar la mano, ellos callan,

y quedan en el fondo los pasos vacíos de todas las avenidas.

 

Estas aves no obedecen a los estudios de los ornitólogos,

no migran a tierras cálidas para su apareamiento.

Cuando son invocadas de día,

vuelan sobre los impetuosos

y nos cagan a carcajadas.

A veces tienen cantos poco confiables,

como si nos dijeran que las esperáramos para almorzar,

pero uno ya sabe que prefieren los lugares despoblados,

agrietados por baños de luna,

para alimentarse, fornicar y abandonar sus huevos.

 

Uno no se cansa de ponerles trampas,

de estudiar sus comportamientos,

a sabiendas de la profunda desolación

que deja saber tan poco sobre ellas

al final de cada jornada.

 

Y llega el punto en que se decide abandonarlo todo,

y uno grita con una voz enmohecida

que ya no las espera.

Que uno está despierto en la madrugada con un nido de vino y galletas

por el simple placer de desvelarse,

que se pueden devolver al maldito pantano de donde salieron,

que uno ya aprendió a vivir sin ellas,

que uno dejó de ser uno

y aceptó convertirse en uno de tantos mortales

que de día solo hacen filas y pagan impuestos.

¿A quién le interesa un pájaro agorero con horario de meretriz,

capaz de abandonar sus huevos a algún insomne

para que termine sus versos?

 

Cuando salga el sol me exultaré en su presencia

y le diré que el reino de la luz,

el de los horarios de oficina,

el de los niños de colegio,

por fin me ha recuperado.

Que las noches no volverán a mantenerme en vela

con sus escandalosas pisadas de gato,

y que desde hoy renuncio a la tortuosa tarea…

 

Un momento.

Algo picotea mi ventana.

 


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